El Gobierno nacional oficializó la salida de la Argentina de la Organización Mundial de la Salud, una decisión que consolida el distanciamiento del país de los principales espacios de coordinación global en materia sanitaria.
La medida fue confirmada por el canciller Pablo Quirno, quien informó que el retiro se hizo efectivo al cumplirse un año de la notificación formal, en línea con los plazos establecidos por la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados.
Desde el Gobierno justificaron la decisión como parte de una estrategia para “resguardar la soberanía” en políticas sanitarias, al tiempo que anticiparon que buscarán reemplazar el vínculo multilateral por acuerdos bilaterales y cooperación regional. En ese esquema, la Argentina continuará dentro de la Organización Panamericana de la Salud.
La salida de la OMS implica dejar de participar en programas, financiamiento y ámbitos técnicos clave para la coordinación frente a emergencias sanitarias globales, lo que abre interrogantes sobre el impacto de esta decisión en el sistema de salud local.
El quiebre no es nuevo. Ya en 2025, el presidente Javier Milei había anunciado su intención de abandonar el organismo, en una postura alineada con la política impulsada por Donald Trump, quien también cuestionó el rol de la entidad internacional.
Las críticas oficiales se centraron especialmente en el accionar de la OMS durante la pandemia de COVID-19. Desde la Casa Rosada sostienen que el organismo falló en su “prueba de fuego” y lo acusan de haber respaldado políticas que, según su visión, profundizaron el impacto económico y social.
En ese sentido, el Gobierno cuestionó las cuarentenas y apuntó contra lo que considera una injerencia indebida de organismos supranacionales en las decisiones internas de los países. Para la administración libertaria, la OMS se alejó de sus objetivos originales y pasó a desempeñar un rol político a nivel internacional.
Más allá de los argumentos oficiales, la decisión marca un punto de inflexión en la política exterior argentina en materia sanitaria. Con menos participación en espacios globales y una apuesta por vínculos más acotados, el país redefine su lugar en un tablero donde la cooperación internacional suele ser clave ante crisis de escala mundial.





