El mercado laboral vuelve a mostrar señales de deterioro y deja en evidencia las tensiones del modelo económico. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), el desempleo trepó al 7,5% en el cuarto trimestre de 2025, el nivel más alto desde 2020, en plena salida de la pandemia.
El dato implica una suba de 1,1 puntos porcentuales en la comparación interanual y alcanza a cerca de 1,7 millones de personas, unas 230 mil más que a fines de 2024. Lejos de la narrativa oficial sobre la recuperación del empleo, las cifras muestran un escenario de creciente fragilidad.
Durante la gestión de Javier Milei, la tasa de desocupación pasó del 5,7% al 7,5%, con un incremento de 1,8 puntos. Si bien no es el pico máximo —que fue del 7,9% a comienzos del mismo año—, sí se trata del peor registro para un cuarto trimestre, un período que suele mostrar mejores niveles por cuestiones estacionales.
El deterioro no solo se refleja en la desocupación. La tasa de actividad subió del 45,7% al 48,6%, mientras que la tasa de empleo cayó al 45%, evidenciando que más personas buscan trabajo pero no logran conseguirlo.
Desde el análisis privado, el economista Lorenzo Sigaut Gravina advirtió que la pérdida de empleo ya no se limita al sector formal. “Se perdió ocupación frente al cuarto trimestre de 2024, algo que antes no ocurría”, señaló, marcando un cambio preocupante en la dinámica del mercado laboral.
La situación es aún más crítica entre los jóvenes. En la franja de 14 a 29 años, el desempleo subió con fuerza: en varones pasó del 12,5% al 16,2%, mientras que en mujeres escaló del 13,8% al 16,8%, consolidando un escenario de mayores dificultades de inserción laboral.
A esto se suma el deterioro del poder adquisitivo. Los salarios reales registrados cayeron 2,1% durante 2025 y acumulan una pérdida del 7,1% desde noviembre de 2023. El golpe es más fuerte en el sector público, donde la caída alcanza el 17,03%, mientras que en el sector privado la baja fue del 1,55%.
En paralelo, crece la precarización. La informalidad avanzó hasta el 43% (desde el 42% un año atrás), mientras que el empleo formal retrocedió al 56,9%. La subocupación se mantuvo en 11,3% y la sobreocupación alcanzó el 29,2%, reflejando un mercado cada vez más fragmentado.
El impacto también es desigual a nivel territorial. El mayor deterioro se registró en el Área Metropolitana de Buenos Aires, donde la desocupación pasó del 7,2% al 8,6%. En el conurbano bonaerense, la cifra escala al 9,5%, mostrando con mayor crudeza el impacto de la crisis.
Con más desempleo, salarios en retroceso y una creciente informalidad, los datos oficiales exponen un escenario que contradice el optimismo del discurso gubernamental y profundiza la preocupación sobre el rumbo del mercado laboral.





