La producción lechera atraviesa uno de sus momentos más críticos en años y el impacto ya es visible en todo el país: desde la llegada de Javier Milei al gobierno, más de mil tambos bajaron la persiana en un escenario marcado por costos en alza y precios que no acompañan.
Los datos más recientes confirman el deterioro. Según el Observatorio de la Cadena Láctea Argentina, en el primer bimestre del año el tambo promedio registró una caída del 9,1% en su facturación respecto a 2025. El principal factor fue el fuerte descenso del precio de la leche, que se desplomó un 18,9%, pese a que la producción logró crecer un 12,1%.
Detrás de estas cifras se consolida un problema estructural que el sector viene denunciando hace tiempo: la distribución desigual de los ingresos dentro de la cadena. Mientras los productores ven achicarse sus márgenes, otros actores concentran la rentabilidad. La comparación interanual de febrero es elocuente: el precio al productor subió apenas 7,5% (unos $481 por litro), muy por debajo del incremento del 16,4% en el índice mayorista y del 26% en productos finales como el yogur.
El resultado es una rentabilidad cada vez más comprometida. Desde la Cámara de Productores de Leche de la Cuenca Oeste de Buenos Aires advierten que la situación es límite: “cada vez más productores están en rojo”. Además, subrayan que la rentabilidad no deja de caer en un contexto macroeconómico que ignora la realidad de los pequeños y medianos establecimientos.
A la presión de los costos se suma un mercado interno debilitado, que reduce la demanda y obliga incluso a las grandes empresas a operar con capacidad ociosa, mientras intentan compensar con exportaciones. En ese escenario, las pymes apenas logran sostenerse, sin margen para absorber nuevos aumentos.
El ministro de Desarrollo Agrario bonaerense, Javier Rodríguez, confirmó la gravedad del cuadro al señalar que en los últimos dos años cerró cerca del 10% de los tambos del país. “No es casualidad: responde a un modelo que deja sin protección a los productores”, cuestionó.
La crisis ya impacta también en la industria, con empresas históricas como Verónica y ARSA —ligada a productos de Sancor— afectadas por la caída del consumo y los desequilibrios del sector, con pérdidas de puestos de trabajo incluidas.
Con menos tambos, márgenes cada vez más ajustados y una cadena que profundiza sus desigualdades, la lechería argentina se encamina a una crisis más profunda, sin señales claras de recuperación en el corto plazo.





