Las ventas minoristas de las pequeñas y medianas empresas volvieron a caer en marzo y confirman un escenario de consumo debilitado, en línea con el impacto del ajuste impulsado por el gobierno de Javier Milei.
Según datos de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa, las ventas bajaron un 0,6% interanual y también retrocedieron un 0,4% en comparación con febrero, consolidando una tendencia negativa que ya lleva varios meses.
El informe deja en evidencia un clima económico adverso para la inversión: el 59,1% de los empresarios considera que no es un buen momento para invertir, lo que implica un freno claro en las decisiones de crecimiento. Apenas el 13,1% ve oportunidades, mientras que el resto mantiene una postura de incertidumbre.
Las expectativas para el resto del año reflejan esa cautela. Casi la mitad de los comerciantes cree que la actividad se mantendrá estable, mientras que un 39,7% espera una mejora y un 12,4% anticipa un mayor deterioro.
El impacto de la caída del consumo se siente con fuerza en varios sectores. Los rubros más golpeados fueron perfumería (-9,8%), bazar, decoración, textiles y muebles (-8,3%) y alimentos y bebidas (-0,9%), lo que muestra que incluso el consumo básico empieza a resentirse. La pérdida de poder adquisitivo obliga a priorizar gastos esenciales y postergar compras.
En contraste, algunos sectores lograron sostenerse, como ferretería y materiales para la construcción (+2%) y farmacia (+1,1%), impulsados por necesidades puntuales vinculadas al mantenimiento del hogar y la salud.
El informe también advierte sobre la presión creciente de los costos operativos —servicios, logística y combustibles— que recorta los márgenes de rentabilidad de los comercios. En paralelo, el consumo se vuelve cada vez más dependiente del financiamiento, especialmente de tarjetas de crédito y promociones bancarias.
En este contexto, también gana terreno el canal digital. La CAME comenzó a monitorear el desempeño de comercios con modalidad mixta, combinando ventas físicas y online, en un intento por adaptarse a un mercado cada vez más retraído.
El cuadro general es claro: caída del consumo, menor inversión y creciente incertidumbre. Un escenario que contrasta con el optimismo oficial y que refleja el impacto del ajuste en la economía real.





