El costo de sostener una vivienda se convirtió en uno de los principales problemas económicos para miles de familias bonaerenses. Alquileres, expensas, servicios y deudas absorben una parte cada vez mayor de los ingresos y obligan a muchos hogares a recurrir a préstamos o a buscar asistencia estatal para poder llegar a fin de mes.
Ante este escenario, al menos seis municipios de la provincia de Buenos Aires implementaron durante 2026 ayudas económicas para familias con dificultades para afrontar los gastos vinculados a la vivienda.
El dato surge de un relevamiento del Observatorio de Datos Estratégicos, que identificó medidas mediante decretos y resoluciones en Adolfo Gonzales Chaves, Rauch, San Andrés de Giles, Chascomús, Trenque Lauquen y Luján.
En Luján, la Secretaría de Desarrollo Humano otorga subsidios sociales y ayudas económicas temporales para atender situaciones de vulnerabilidad.
En Rauch se establecieron subsidios para alquileres de entre $50.000 y $330.000, mientras que en Trenque Lauquen se detectaron decretos que establecen ayudas no reintegrables destinadas al pago de viviendas. También se registraron mecanismos de asistencia individual en Adolfo Gonzales Chaves, San Andrés de Giles y Chascomús.
La aparición de estas herramientas municipales tiene como telón de fondo el crecimiento del endeudamiento de los hogares inquilinos.
La muestra bonaerense de la Encuesta Nacional Inquilina de junio de 2026 mostró que el 78,5% de los hogares inquilinos relevados en la provincia tenía deudas activas.
A nivel nacional, el 37% de los hogares encuestados señaló que tuvo que endeudarse para pagar el alquiler. El 55% lo hizo para comprar alimentos y el 47% de los hogares tenía dos o más trabajos.
El problema también fue registrado por la Defensoría del Pueblo bonaerense. Sobre 1.408 respuestas correspondientes a 97 partidos, el 56,6% de los participantes aseguró haber tomado un préstamo durante los doce meses anteriores.
Pero el dato más preocupante aparece después: el 73,5% de quienes habían tomado esos créditos todavía no los había cancelado.
Los préstamos fueron utilizados, entre otros destinos, para cubrir alimentos, medicamentos, servicios y alquileres. Es decir, el endeudamiento no aparece solamente asociado a consumos extraordinarios, sino cada vez más a la necesidad de cubrir gastos básicos.
La Encuesta Nacional Inquilina señala además que el 72,9% de los hogares inquilinos mantiene algún tipo de deuda y que casi la mitad, el 48,5%, destina la mitad o más de sus ingresos al alquiler.
En la provincia de Buenos Aires, el porcentaje de hogares inquilinos endeudados llega al 78,5%, mientras que en el interior del país alcanza el 80,5% y en la Ciudad de Buenos Aires se ubica en 64,1%.
La dimensión del mercado habitacional también es significativa: unas 7,9 millones de personas viven en hogares inquilinos y existen alrededor de 3,1 millones de hogares que alquilan su vivienda.
En territorio bonaerense, el alquiler mediano informado fue de $600.000. A eso se suma otro dato que refleja la inestabilidad habitacional: el 21,5% de los hogares bonaerenses relevados atravesó una mudanza forzosa.
El deterioro de los ingresos y el aumento de los gastos fijos generan así una cadena que comienza con la dificultad para pagar el alquiler y puede terminar en endeudamiento, reducción del consumo, búsqueda de ingresos adicionales o directamente pérdida de la vivienda.
Por eso, la respuesta comenzó a aparecer también en los municipios.
Luján, Rauch, Trenque Lauquen, Adolfo Gonzales Chaves, San Andrés de Giles y Chascomús son algunos de los distritos que recurrieron a distintas formas de asistencia para intentar contener situaciones particulares.
En paralelo, otros municipios como La Plata, San Nicolás y General Pueyrredón realizaron relevamientos sobre alquileres, expensas, morosidad y endeudamiento para dimensionar el impacto de la crisis habitacional.
La situación muestra que el problema ya no se reduce a cuánto cuesta alquilar. La discusión también pasa por cuánto queda del salario después de pagar la vivienda y qué ocurre cuando ese ingreso no alcanza.
Con casi ocho de cada diez hogares inquilinos por debajo del nivel de ingresos promedio nacional y una proporción elevada de familias endeudadas, la vivienda se transformó en otro de los frentes donde se hace visible la pérdida de poder adquisitivo.
Mientras los hogares ajustan gastos, acumulan deudas o buscan más de un trabajo para sostenerse, los municipios bonaerenses empiezan a ocupar un lugar cada vez más relevante en la contención de una crisis que golpea directamente a la vida cotidiana.





