Axel Kicillof inaugurará el período de sesiones ordinarias en la provincia de Buenos Aires en uno de los tramos más complejos de su gestión. La imagen será elocuente: dentro de la Legislatura, el gobernador dando su discurso; afuera, docentes y estatales en paro, en medio de una crisis financiera que condiciona cada decisión y de una interna peronista que volvió a recalentarse.
El mensaje ante la Asamblea Legislativa tendrá un eje claro: el impacto de la política económica de Javier Milei sobre las cuentas bonaerenses. En La Plata repiten una cifra que ocupará un lugar central en la exposición: 22 billones de pesos. Es el monto que, según el Ejecutivo provincial, la Nación le adeuda a Buenos Aires por recortes de programas y caída de transferencias. Desde la Casa Rosada lo niegan, pero en el oficialismo sostienen que equivale a casi la mitad del presupuesto anual y explica buena parte de las restricciones actuales.
Paro en el arranque de clases
La escena más incómoda será la del paro docente que afectará el inicio del ciclo lectivo, algo inédito desde que Kicillof asumió. A la medida se suman estatales que forman parte de la base política del gobernador.
Entre los gremios que adhieren están Suteba, ATE y Udocba. Consideraron insuficiente la oferta salarial de la Provincia y, presionados también por sus propias bases, terminaron convocando a la huelga. El conflicto no solo es económico: también tensiona el vínculo político con aliados históricos.
En el gobierno bonaerense aseguran que el margen es mínimo. Hubo recortes en distintas áreas, pero existen partidas que Kicillof no está dispuesto a tocar: asistencia alimentaria, compra de insumos hospitalarios y obra pública. Sin esos pilares —argumentan— no hay “Provincia escudo” frente al ajuste nacional. El problema es que sostener esa estructura reduce la posibilidad de mejorar salarios.
La coincidencia con el paro nacional impulsado por Ctera contra las políticas educativas de Milei le permitirá al oficialismo inscribir el conflicto en un marco más amplio, que incluye el reclamo por la restitución del incentivo docente. Aun así, puertas adentro reconocen que la escasez de recursos limita la capacidad de maniobra.
Senado caliente y pulseada con el kirchnerismo
A la presión financiera se suma la disputa política. La designación de Mario Ishii como vicepresidente primero del Senado bonaerense y de Sergio Berni como jefe del bloque oficialista reactivó la tensión entre el sector alineado con Máximo Kirchner y el armado propio del gobernador.
En el entorno de Kicillof hablan de acuerdos incumplidos y de una acumulación de poder del kirchnerismo en la Cámara alta. Desde el camporismo relativizan el conflicto. Lo cierto es que este año el Senado deberá tratar temas sensibles, como eventuales cambios en la Corte provincial y el esquema electoral de 2026, cuestiones que impactan directamente en la proyección política del mandatario.
La figura de Cristina Fernández de Kirchner sobrevuela cada movimiento. Sin confirmaciones sobre su intervención directa, en ambos sectores interpretan cada gesto como parte de una disputa más profunda por el liderazgo y el control del peronismo bonaerense.
La UCR se reordena
En paralelo, la oposición también mueve piezas. La Unión Cívica Radical bonaerense impulsa adelantar sus internas al 7 de junio para llegar ordenada ante un posible cambio en el calendario electoral del año próximo.
Detrás de la jugada aparecen el senador Maximiliano Abad, referentes de Evolución y dirigentes como Gustavo Posse. El movimiento anticipa una redefinición del perfil radical y de su estrategia frente a La Libertad Avanza y el PRO.
Con presión económica, conflicto sindical y una interna que no termina de cerrarse, Kicillof abre el año político formal con varios frentes simultáneos. El discurso será, en definitiva, un intento de recuperar iniciativa en un escenario cada vez más desafiante.





