En medio de la crisis política que sacude al Gobierno, el jefe de Gabinete Manuel Adorni volvió a mostrarse en la Casa Rosada tras semanas de silencio, pero lejos de despejar dudas, evitó dar precisiones sobre las denuncias en su contra y optó por un tono confrontativo contra la oposición y el periodismo.
La reaparición se dio en un contexto de fuerte desgaste, atravesado por los cuestionamientos por sus viajes y las versiones sobre su patrimonio. Con una breve declaración inicial, Adorni intentó marcar la cancha: aseguró que su situación económica es previa a su llegada al Gobierno y sostuvo que no tiene nada que ocultar, aunque no aportó datos nuevos que permitan aclarar las sospechas.
“Todo lo que tenía que decir, ya lo dije”, insistió al negarse a responder preguntas clave, bajo el argumento de que existen causas judiciales en curso. La estrategia dejó más interrogantes que certezas en un momento en el que su continuidad empezó a ser tema de discusión incluso dentro del oficialismo.
En paralelo, buscó recuperar la iniciativa política retomando el discurso habitual del Gobierno de Javier Milei. Aseguró que la actual gestión mantiene “una vara ética más alta” que administraciones anteriores y remarcó que los funcionarios tienen sus salarios congelados, en contraste con etapas previas.
Sin embargo, el tramo más fuerte de su intervención llegó cuando apuntó directamente contra sectores opositores y mediáticos. “No vamos a aceptar lecciones de quienes se robaron un PBI”, lanzó, en línea con la narrativa oficial que busca cerrar filas frente a la crisis.
También cuestionó la cobertura periodística y denunció la circulación de versiones falsas sobre su persona, mencionando supuestas propiedades y vínculos que, según afirmó, fueron inventados en los últimos días.
Pese al intento de mostrarse firme, Adorni dejó zonas grises al referirse a su declaración jurada. Aseguró que todo lo que debía estar informado lo está, pero admitió que hay aspectos que aún no fueron declarados porque los plazos no vencieron, una explicación que no terminó de disipar las dudas.
En medio de la conferencia, el funcionario intentó cambiar el eje y anunció que el Gobierno destinará el 10% de los ingresos por privatizaciones al fortalecimiento de las Fuerzas Armadas. “Es momento de reconstruir el instrumento militar”, afirmó, en un intento por retomar la agenda oficial.
La puesta en escena también fue leída como una señal política. Adorni estuvo acompañado por figuras clave del entorno presidencial, como Santiago Caputo y Javier Lanari, además de ministros y dirigentes del oficialismo que buscaron mostrar respaldo en un momento delicado.
El trasfondo de la crisis incluye cuestionamientos por la presencia de su esposa en una comitiva oficial y contradicciones en sus explicaciones públicas, lo que generó ruido incluso dentro de La Libertad Avanza. Aunque desde el círculo cercano aseguran que cuenta con el respaldo de Karina Milei, las críticas comenzaron a escalar.
De hecho, una voz cercana al oficialismo, Nicolás Márquez, llegó a plantear públicamente que su permanencia “no le hace bien al Gobierno”, reflejando un malestar que ya no se limita a la oposición.
Mientras crecen las dudas y los rumores sobre posibles reemplazos, Adorni apuesta a sostenerse en el cargo con una estrategia que, por ahora, combina silencio sobre las acusaciones y confrontación política. Una fórmula que, lejos de cerrar la crisis, parece profundizarla.





