Las ventas minoristas de las pequeñas y medianas empresas volvieron a caer en febrero y acumulan ya diez meses consecutivos en baja, una señal clara de que el consumo continúa debilitado en medio del deterioro del poder adquisitivo.
De acuerdo con el último relevamiento de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), las ventas a precios constantes retrocedieron 5,6% en comparación con el mismo mes del año pasado. En el balance del primer bimestre de 2026, la contracción alcanza el 5,2%.
Si bien el informe registró una mejora mensual del 2,6% frente a enero, el repunte estuvo impulsado principalmente por el inicio del ciclo lectivo, que suele dinamizar rubros vinculados a útiles escolares, indumentaria y artículos para estudiantes. Sin embargo, ese movimiento no logró compensar la caída registrada al comienzo del año.
El informe también refleja que el consumo continúa extremadamente selectivo. Con ingresos que no logran recuperar terreno frente a la inflación, los hogares priorizan gastos esenciales y compras vinculadas a la escuela, mientras postergan otros consumos.
En ese contexto, seis de los siete rubros relevados registraron caídas interanuales. Entre los descensos más fuertes aparecen bazar y decoración (-14,4%), perfumería (-10,7%) y alimentos y bebidas (-8,7%). El único sector que logró escapar a la tendencia negativa fue farmacia, con una suba marginal del 0,3%.
Los comerciantes, además, enfrentan un escenario complejo marcado por costos operativos elevados, presión impositiva y un nivel de demanda que no termina de recuperarse. La combinación golpea directamente los márgenes de rentabilidad y aumenta la incertidumbre sobre la continuidad de muchos negocios.
La percepción dentro del sector también refleja ese clima. Un 38,8% de los comerciantes aseguró que sus ventas empeoraron respecto de febrero del año pasado, mientras que el 52,6% afirmó que la situación se mantuvo sin cambios.
De cara al futuro, las expectativas aparecen divididas: el 46,6% cree que la situación económica seguirá igual, el 42,9% espera una mejora y el 10,5% anticipa un empeoramiento. En ese marco, la cautela domina las decisiones de inversión: el 57,6% considera que no es un buen momento para invertir.
Con el consumo todavía golpeado y sin señales firmes de recuperación, el desempeño de los próximos meses dependerá en gran medida de si los salarios logran recomponer poder de compra y de que el contexto económico ofrezca mayor previsibilidad para sostener la actividad.





