La profundización del ajuste fiscal que impulsa el gobierno de Javier Milei empieza a generar tensiones incluso dentro de su propio gabinete. Con la recaudación en caída y la presión por sostener el déficit cero, la Casa Rosada activó una nueva etapa de recortes que ya despierta incomodidad en varios ministerios.
El trasfondo de la decisión está en el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que volvió a insistir en el equilibrio fiscal como eje central del programa económico. En línea con ese mandato, Milei ratificó recientemente que su gestión debe “seguir apretando con la motosierra”, una señal clara hacia adentro del Gobierno.
El problema es que los números no acompañan: la recaudación acumula ocho meses consecutivos de caída en términos reales, lo que reduce el margen de maniobra frente a reclamos crecientes de distintos sectores, como universidades, prestadores del PAMI o empresas de transporte.
Ante este escenario, el Ejecutivo resolvió avanzar con un nuevo recorte del 2% en los presupuestos de todos los ministerios, una medida que fue impulsada por el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, junto a los equipos económicos de Luis Caputo y Federico Sturzenegger.
Además, se ordenó reducir un 20% en gastos operativos, incluyendo áreas sensibles como movilidad y funcionamiento interno. Cada cartera deberá presentar informes detallando qué programas y áreas serán ajustados, en una suerte de competencia interna para mostrar resultados.
La iniciativa no cayó bien en todos los despachos. Varios funcionarios admiten por lo bajo que el margen para seguir recortando es cada vez más limitado, después de dos años de ajuste sostenido. “Ya hicimos gran parte del recorte posible”, reconocen desde el propio oficialismo, donde ahora se ven obligados a buscar nuevos tijeretazos con “lupa”.
El malestar también se explica porque muchos ministerios venían reclamando mayores partidas para sostener su funcionamiento, algo que ahora choca de frente con la orden de seguir reduciendo el gasto. Aun así, puertas adentro admiten que deberán acatar la directiva.
No es la primera vez que desde la Jefatura de Gabinete se impulsa una poda agresiva. A comienzos de año, Adorni ya había exigido recortar un 20% de la estructura y del personal, una meta que generó fuertes dificultades operativas pero que igualmente avanzó.
Mientras tanto, los informes presupuestarios muestran señales mixtas: si bien el gasto total tuvo un leve crecimiento en marzo, esto se explica por pagos atrasados. Sin ese factor, el gasto habría vuelto a caer, confirmando la lógica de ajuste permanente.
En ese contexto, el Gobierno redobla la apuesta por el recorte como única respuesta, aun cuando dentro de su propia estructura empiezan a multiplicarse las dudas sobre hasta dónde puede sostenerse la motosierra sin afectar el funcionamiento del Estado.





