La lechería argentina atraviesa una realidad que expone las tensiones del sector: mientras la producción de leche continúa creciendo, cada año desaparecen más tambos. Los datos más recientes muestran que el aumento del volumen producido convive con una acelerada concentración de la actividad en establecimientos de mayor escala.
Durante mayo, la producción nacional alcanzó los 915,5 millones de litros de leche, lo que representó un incremento del 2% respecto al mismo mes de 2025. Sin embargo, detrás de ese crecimiento se profundiza una tendencia que preocupa a los pequeños y medianos productores: cada vez son menos los establecimientos que permanecen en actividad.
De acuerdo con cifras del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA), el país contaba en mayo con 8.813 tambos operativos, un 2,5% menos que un año atrás. En términos concretos, desaparecieron 226 unidades productivas en apenas doce meses.
La provincia de Buenos Aires tampoco escapó a esa dinámica. En el último año la cantidad de tambos pasó de 1.760 a 1.739 establecimientos, reflejando una pérdida de 21 explotaciones lecheras.
El fenómeno responde a un proceso de concentración que se viene consolidando desde hace más de una década. Mientras los establecimientos más pequeños encuentran crecientes dificultades para sostenerse, los tambos de mayor tamaño aumentan su productividad y absorben una porción cada vez mayor de la producción nacional.
Los registros muestran que el rodeo lechero prácticamente se mantuvo estable, con una caída interanual de apenas 0,25%, pero la cantidad promedio de vacas por tambo creció de 173 a 177 animales. Esto evidencia que la producción se concentra en menos manos y en unidades más grandes.
La transformación también se observa en la estructura productiva. En 2010, los tambos que producían menos de 2.000 litros diarios representaban el 60% del total y aportaban el 27% de la leche del país. Actualmente siguen siendo mayoría, aunque su participación en el volumen total cayó a apenas el 15,4%.
Buenos Aires continúa siendo una de las principales provincias lecheras del país. Aunque concentra cerca del 20% de los tambos argentinos, mantiene elevados niveles de productividad. La cuenca Mar y Sierras, integrada por distritos como Tandil, Azul, Balcarce y Necochea, lidera los rendimientos con más de 6.000 litros diarios promedio por establecimiento, muy por encima de la media nacional.
No obstante, la desaparición de tambos refleja las dificultades económicas que enfrenta buena parte del sector. Los altos costos de producción, la pérdida de rentabilidad y los problemas financieros aparecen como algunos de los factores que explican el cierre de establecimientos, especialmente entre los productores más pequeños.
Desde el OCLA sostienen que la concentración seguirá avanzando en los próximos años. Su director ejecutivo, Jorge Giraudo, considera que los establecimientos de gran escala cuentan con mayores herramientas para enfrentar crisis económicas o eventos climáticos extremos, gracias a sistemas productivos más tecnificados y eficientes.
En la misma línea, el productor y referente de CREA Jorge Olmedo advirtió que el negocio atraviesa un momento complejo. Aunque destacó que los tambos familiares todavía pueden ser competitivos mediante inversiones en tecnología y gestión, alertó que la facturación real del sector se encuentra por debajo de los niveles del año pasado y que muchos establecimientos enfrentan una situación de quebranto.





