La histórica cooperativa láctea SanCor solicitó su propia quiebra ante la Justicia luego de más de un año en concurso preventivo y una deuda que asciende a US$120 millones, en un nuevo golpe al entramado productivo nacional en medio del deterioro económico.
La presentación se realizó en el juzgado de Rafaela que sigue el caso, tras confirmarse la imposibilidad de cumplir con un plan de pagos que incluía a más de 1.500 acreedores. La empresa ya había ingresado en concurso en febrero de 2025, en un intento por reestructurar su situación que finalmente fracasó.
Con el correr de los meses, no aparecieron inversores ni alternativas que permitieran revertir la crisis, lo que terminó empujando a la cooperativa a formalizar el pedido de quiebra. Informes de la sindicatura, el comité de control y la coadministración judicial coincidieron en que la empresa se encuentra en un estado de insolvencia general y definitiva.
Desde la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera (Atilra) señalaron que la decisión no hace más que oficializar una situación que ya era evidente. Además, denunciaron que la firma se sostuvo durante meses a costa de los trabajadores, acumulando una deuda de ocho meses de salarios impagos, además de aguinaldos.
El gremio también advirtió que la empresa dejó de realizar aportes mientras continuaba brindando prestaciones a través de la obra social, lo que agrava aún más el cuadro social de los empleados y sus familias.
Lejos de representar un cierre definitivo, desde el sindicato sostienen que la quiebra abre una nueva etapa, con la expectativa de que la marca pueda reactivarse sin las estructuras que la llevaron a esta situación.
La caída de SanCor no es un hecho aislado. La empresa arrastra una crisis desde 2017 que derivó en una fuerte reducción de su capacidad productiva, pasando de procesar 4 millones de litros diarios a menos de 500.000, además de cerrar la mitad de sus plantas y reducir su plantilla de 4.000 a menos de 1.000 trabajadores.
En un contexto económico cada vez más adverso, el caso vuelve a poner en evidencia las dificultades de la industria nacional para sostenerse sin políticas de apoyo, mientras el modelo económico vigente profundiza el ajuste y deja a empresas históricas al borde de la desaparición.





