Aunque la pobreza infantil mostró una importante reducción durante 2025, la situación de millones de niñas, niños y adolescentes en Argentina continúa siendo crítica. Un informe elaborado por Unicef Argentina reveló que el 42,3% de los menores de edad vivía en hogares pobres durante el segundo semestre del año pasado, mientras que advirtió sobre una posible reversión de esa mejora en los primeros meses de 2026.
Según el relevamiento, hacia fines de 2025 alrededor de 5,1 millones de niñas, niños y adolescentes residían en hogares cuyos ingresos no alcanzaban para cubrir la canasta básica total. De ese universo, cerca de 1,1 millones se encontraban en situación de indigencia, es decir, sin recursos suficientes para acceder a una alimentación adecuada.
Los datos muestran una mejora respecto del pico registrado durante el primer semestre de 2024, cuando la pobreza infantil había escalado hasta el 67,1%. Desde entonces, el indicador registró tres semestres consecutivos de descenso, pasando por el 52,7% y el 46,1% hasta ubicarse en el 42,3% actual.
Sin embargo, el informe advierte que la recuperación está lejos de resolver el problema. Los niveles de pobreza infantil continúan siendo similares a los observados en 2018 y permanecen muy por encima de los registrados para la población general.
Mientras la pobreza total alcanzó al 28,2% de los argentinos durante el segundo semestre de 2025, entre niñas, niños y adolescentes el porcentaje fue más de 14 puntos superior. La indigencia también mostró una diferencia significativa: 9,4% en la población infantil frente al 6,3% en el conjunto de la sociedad.
El estudio también analiza la intensidad de la pobreza. La denominada brecha de pobreza, que mide cuánto les falta a los hogares para alcanzar el valor de la canasta básica, se ubicó en el 34,4% entre las familias con niños y adolescentes. En el caso de la pobreza extrema, la distancia respecto de la línea de indigencia alcanzó el 32%.
Las situaciones más críticas se observan en sectores particularmente vulnerables. La pobreza infantil llega al 68,8% en hogares con muy bajo nivel educativo y se eleva hasta el 74,8% cuando la persona de referencia se encuentra desocupada. En los barrios populares, la incidencia alcanza al 68,3%.
El informe también destaca la importancia de la calidad del empleo. Entre los hogares con inserción laboral formal, el 21,5% de los niños continúa siendo pobre. En cambio, cuando predomina la informalidad laboral, la cifra se dispara al 55,2%.
Otro aspecto señalado por Unicef es el papel que desempeñan las políticas de asistencia social. Programas como la Asignación Universal por Hijo y la Prestación Alimentar muestran un impacto relevante para evitar que miles de familias caigan en la indigencia, aunque resultan insuficientes para resolver los problemas estructurales que sostienen elevados niveles de pobreza.
A las dificultades económicas se suman además otras carencias. El 42,6% de niñas, niños y adolescentes registra al menos una privación vinculada a condiciones habitacionales, acceso a servicios básicos, educación o protección social. Estas problemáticas, advierte el organismo, suelen persistir incluso cuando mejoran los ingresos familiares.
Pese a la baja registrada durante 2025, las perspectivas para este año generan preocupación. Las proyecciones incluidas en el informe anticipan que la pobreza infantil podría volver a aumentar durante el primer semestre de 2026 hasta alcanzar el 44,4%, mientras que la indigencia treparía al 10,8%.
La advertencia de Unicef refleja que, más allá de la desaceleración inflacionaria y algunos indicadores positivos de la economía, la recuperación sigue sin consolidarse en amplios sectores de la sociedad. Y los más afectados continúan siendo los niños, niñas y adolescentes, uno de los grupos más golpeados por la crisis social que atraviesa el país.





