El consumo de carne vacuna profundizó su caída durante 2026 y alcanzó uno de sus niveles más bajos en décadas. Entre enero y julio, el abastecimiento destinado al mercado interno se redujo 12% respecto del mismo período de 2025, mientras que el consumo por habitante cayó a 46,3 kilos anuales, según el último informe de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA).
La cifra representa una caída interanual del 9,4% y equivale a 4,8 kilos menos por persona. El dato muestra hasta qué punto el deterioro del poder adquisitivo está modificando uno de los hábitos de consumo más arraigados en la Argentina.
En los primeros siete meses del año, el consumo aparente alcanzó 1,202 millones de toneladas de carne con hueso, unas 163.400 toneladas menos que durante el mismo período de 2025.
La caída que reflejan las estadísticas también aparece en las carnicerías. Los comerciantes aseguran que los clientes siguen comprando carne vacuna, pero cada vez llevan menos cantidad y eligen en función del dinero disponible.
Diego Salvo, carnicero de Mataderos, señaló que sus ventas están entre 30% y 40% por debajo de las de hace una década. Según explicó, quienes antes compraban dos kilos ahora llevan uno, mientras que los clientes que llevaban un kilo redujeron la compra a medio kilo.
El fenómeno también se observa en Córdoba. El carnicero Sergio Pepelo contó que algunos consumidores directamente dejaron de pedir una cantidad determinada de carne y pasan a indicar cuánto dinero tienen disponible para gastar. Con ese cambio, ganan terreno los cortes más económicos y la carne picada aparece entre las opciones más elegidas.
La sustitución no se limita a los cortes. El precio también está llevando a los consumidores a cambiar de proteína. El pollo y el cerdo ganan espacio frente a la carne vacuna debido a las diferencias de precios. Uno de los relevamientos citados ubicó el kilo de pollo en $3.500, frente a unos $12.000 para el kilo de carne picada vacuna más económica en Buenos Aires.
Mientras el mercado interno se achica, también cayó la faena. Entre enero y julio fueron procesadas 7,09 millones de cabezas, un 9,8% menos que en igual período del año pasado. La producción de carne llegó a 1,689 millones de toneladas res con hueso, con una baja interanual del 6,8%.
CICCRA vinculó parte de la menor disponibilidad de hacienda con el proceso de retención de hembras que atraviesa el sector después de varios años de liquidación de vientres. En julio, las hembras representaron el 44,3% de la faena, un nivel que el informe considera compatible con un proceso de recomposición del stock ganadero.
Al mismo tiempo, las exportaciones crecieron. Entre enero y julio alcanzaron las 487.200 toneladas equivalente res con hueso, un 8,8% más que durante el mismo período de 2025. Estados Unidos, China e Israel estuvieron entre los principales destinos.
La combinación de menor producción, mayor participación de las exportaciones y pérdida de poder adquisitivo vuelve a poner en evidencia el cambio que atraviesa el consumo de carne en la Argentina.
El dato ya no se limita a una estadística sectorial. En las carnicerías, el ajuste se traduce en menos kilos, cortes más baratos y un reemplazo cada vez mayor por pollo y cerdo. Para muchas familias, comer carne vacuna dejó de ser una elección cotidiana y pasó a depender directamente de cuánto dinero queda disponible a fin de mes.




