La industria textil atraviesa uno de sus momentos más delicados desde que comenzó la gestión de Javier Milei. La producción volvió a desplomarse en abril, las fábricas continúan trabajando con buena parte de su capacidad ociosa, la inversión en maquinaria se retrajo y el empleo formal sigue en caída, según el último informe elaborado por la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA).
Los números muestran un deterioro mucho más pronunciado que el del conjunto de la industria manufacturera. Mientras el Índice de Producción Industrial (IPI) general registró una baja interanual del 2,8% en abril, la actividad textil cayó un 22,2%. En el acumulado de los primeros cuatro meses del año, la diferencia también fue contundente: la industria en general retrocedió 2,4%, mientras que el sector textil acumuló una contracción del 25,5%.
El escenario también alcanzó a otras actividades vinculadas. La fabricación de prendas de vestir registró una baja del 14,8% interanual durante abril y el rubro de calzado sufrió un retroceso del 21%. En ambos casos, el balance del primer cuatrimestre también cerró en negativo.
Desde FITA atribuyen este panorama a una combinación de factores entre los que sobresalen la apertura de las importaciones, la caída del consumo interno y la pérdida de dinamismo de la producción nacional. Si bien algunos sectores comenzaron a mostrar señales de recuperación en los últimos meses, la industria textil continúa entre las más afectadas por la política económica del Gobierno.
El informe también revela fuertes diferencias entre los distintos segmentos del sector. La producción de hilados de algodón sufrió la mayor caída interanual, con un descenso del 35,4%, mientras que los tejidos y el acabado de productos textiles acumularon una retracción del 37,8% en los primeros cuatro meses del año. También registraron importantes bajas la preparación de fibras textiles y la fabricación de otros productos del rubro.
La menor actividad volvió a reflejarse en la utilización de la capacidad instalada. Durante abril, las plantas textiles operaron apenas al 42,4% de su capacidad, uno de los porcentajes más bajos de toda la industria argentina. Aunque el indicador mejoró levemente respecto de marzo, continúa muy por debajo del promedio general, que alcanzó el 59,9%.
El dato cobra mayor relevancia porque el sector ya venía de atravesar un 2025 marcado por la crisis. De hecho, la actividad textil volvió a compartir el último lugar del ranking de utilización de capacidad instalada junto con la industria del caucho y el plástico, muy lejos de ramas como refinación de petróleo, industrias metálicas básicas o productos químicos.
La falta de perspectivas también impactó sobre las inversiones. Entre enero y mayo, las importaciones de maquinaria para la industria textil sumaron poco más de 50 millones de dólares, un 24% menos que en igual período del año anterior. La caída alcanzó a casi todos los tipos de equipos, especialmente telares, máquinas para tejido de punto, bordadoras y equipos para hilatura y acabado.
El deterioro productivo también se trasladó al mercado laboral. Según datos de la Secretaría de Trabajo relevados por FITA, en marzo el complejo textil, de confección, cuero y calzado contabilizó 97.000 trabajadores registrados, unos 14.000 menos que un año atrás. Desde diciembre de 2023, el sector ya perdió más de 24.000 puestos de trabajo formales.
En materia de precios, el comportamiento fue distinto al promedio de la economía. Mientras la inflación general continuó mostrando aumentos superiores, los productos textiles registraron incrementos considerablemente menores, reflejando las dificultades del sector para trasladar costos a los consumidores en un contexto de demanda deprimida.
El comercio exterior también dejó señales mixtas. Las importaciones de toda la cadena textil disminuyeron tanto en volumen como en valor durante mayo y en el acumulado del año, un comportamiento que el informe vincula con la menor actividad industrial y la caída en la compra de insumos productivos. La única excepción fue el rubro de prendas terminadas, que mostró un crecimiento respecto del año pasado.
Las exportaciones, en cambio, crecieron con fuerza impulsadas principalmente por los hilados y las materias primas. Sin embargo, desde el sector advierten que esa mejora no alcanza para compensar la fuerte retracción del mercado interno, que continúa siendo el principal sostén de la actividad.
Con producción en baja, fábricas trabajando por debajo de la mitad de su capacidad, inversiones frenadas y miles de empleos perdidos, la industria textil sigue siendo uno de los sectores más golpeados por el actual modelo económico y aún no encuentra señales claras de recuperación.





