El turismo en la provincia de Buenos Aires volvió a mostrar señales de retroceso durante las vacaciones de invierno. A diferencia del escenario nacional, donde aumentó la cantidad de viajeros respecto del año anterior, el territorio bonaerense registró una caída en la llegada de visitantes, un menor movimiento económico y bajos niveles de ocupación hotelera, pese a la mejora observada durante la segunda semana del receso.
Los datos difundidos por la Subsecretaría de Turismo provincial indican que ingresaron 753.000 turistas, un 11,7% menos que en 2025 y un 22,4% menos que en 2023. El impacto económico fue estimado en $305.000 millones, con una retracción del 10,9% frente al año pasado y del 26% en comparación con hace tres años.
La subsecretaria Soledad Martínez sostuvo que se trató del “peor invierno turístico bonaerense desde la pandemia” y graficó la situación al señalar que “dos de cada tres camas turísticas” permanecieron desocupadas durante las vacaciones. Desde la Provincia atribuyeron el escenario a la pérdida del poder adquisitivo y al contexto económico nacional.
En paralelo, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa informó que el movimiento turístico nacional alcanzó los 4,6 millones de personas, un crecimiento del 5,9% respecto de 2025. El gasto total ascendió a $2,12 billones, aunque el desembolso promedio diario cayó en términos reales y la cantidad de turistas todavía se ubicó por debajo de los niveles registrados en 2023.
CAME también relevó una fuerte caída en Buenos Aires durante el período comprendido entre el 17 y el 26 de julio, cuando contabilizó 296.000 turistas. Aunque ese informe contempla un tramo más corto que el balance provincial, ambos relevamientos coinciden en mostrar una temporada invernal con menor movimiento.
Entre los destinos bonaerenses hubo realidades diferentes. San Pedro y Tapalqué encabezaron los niveles de ocupación, mientras que centros turísticos tradicionales como Mar del Plata, Miramar y el Partido de La Costa no lograron superar la mitad de sus plazas ocupadas.
En el caso de Mar del Plata, la actividad mejoró sobre el final del receso. La ocupación hotelera pasó de reservas cercanas al 25% al inicio de las vacaciones a niveles próximos al 50% durante la segunda semana. Sin embargo, desde el sector hotelero y comercial coincidieron en que el aumento de visitantes no se tradujo en un crecimiento significativo del consumo.
Desde el Gobierno bonaerense remarcaron que predominó un turismo de cercanía, con viajes organizados a último momento, gastos muy acotados y una fuerte utilización de propuestas gratuitas. Según Martínez, muchas familias eligieron llevar alimentos desde sus hogares para abaratar costos, reduciendo así el impacto económico sobre restaurantes, comercios y otros prestadores turísticos.
En ese contexto, la funcionaria volvió a cuestionar las políticas del Gobierno nacional. Sostuvo que la reducción de vuelos internos y el impulso a destinos internacionales perjudican al turismo local y aseguró que aún no existen definiciones sobre el futuro del complejo turístico de Chapadmalal, donde desde fines de mayo solo permanece personal de custodia.
Las críticas también llegaron desde el ámbito político. La senadora bonaerense Fernanda Raverta calificó estas vacaciones de invierno como las peores en dos décadas para Mar del Plata y responsabilizó al presidente Javier Milei y al ministro de Economía, Luis Caputo, por el deterioro de la actividad. Según afirmó, la crisis afecta por igual a comerciantes, empresarios, trabajadores y familias que ya no pueden afrontar los costos de unas vacaciones.





