El Gobierno nacional envió al Congreso un proyecto para derogar la Ley de Etiquetado Frontal, la normativa que obligó a incorporar octógonos negros en los envases de alimentos ultraprocesados para advertir sobre excesos de azúcares, sodio, grasas y calorías. La iniciativa, impulsada por el presidente Javier Milei, el ministro de Salud Mario Lugones y el jefe de Gabinete Manuel Adorni, generó un fuerte rechazo de organizaciones científicas, universidades y especialistas en salud pública.
La propuesta plantea derogar la ley N° 27.642 de Promoción de la Alimentación Saludable con el argumento de reducir “limitaciones regulatorias y económicas” y avanzar hacia una armonización normativa con los países del MERCOSUR. Desde el Ejecutivo sostienen que la legislación actual representa una traba para la producción y las exportaciones.
Sin embargo, la iniciativa no solo eliminaría los sellos de advertencia en alimentos y bebidas con exceso de nutrientes críticos, sino también las restricciones a la publicidad dirigida a niños y adolescentes, las limitaciones al uso de personajes infantiles en productos ultraprocesados y las regulaciones sobre entornos escolares saludables.
El proyecto reavivó un debate que la industria alimenticia venía sosteniendo desde la sanción de la ley. Cámaras empresarias como la COPAL cuestionaron en reiteradas ocasiones la efectividad del etiquetado para mejorar indicadores sanitarios y denunciaron impactos negativos sobre la actividad comercial.
Del otro lado, unas 300 organizaciones científicas, académicas y sociales difundieron un documento conjunto para advertir que la derogación implicaría “quitarle a la población una herramienta simple y efectiva para tomar decisiones informadas”.
Según remarcaron, antes de la sanción de la ley apenas el 13% de la población lograba interpretar correctamente la información nutricional tradicional incluida en los envases, de acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Nutrición y Salud de 2019.
Además, citaron estudios elaborados por el Ministerio de Salud, UNICEF y FIC Argentina que muestran que el 90% de las personas considera útiles los sellos para identificar rápidamente productos poco saludables. También señalaron que más de la mitad de los consumidores modificó decisiones de compra en categorías como bebidas, yogures y galletitas tras la implementación de los octógonos negros.
Otro de los informes mencionados sostiene que el etiquetado frontal ayudó a reducir la percepción errónea de que ciertos productos ultraprocesados eran saludables, especialmente en alimentos como cereales de desayuno, jugos industrializados y yogures.
Respecto del argumento oficial vinculado al MERCOSUR, los especialistas cuestionaron que en varios países del bloque existen regulaciones similares o incluso más estrictas, que igualmente deben ser cumplidas por las empresas argentinas para exportar sus productos.





