El mercado laboral argentino cerró 2025 con una tendencia que ya dejó de ser excepcional: el pluriempleo se consolidó como una estrategia cada vez más extendida. Según datos del INDEC, 1,6 millones de personas tienen más de un trabajo, lo que representa el 12,2% del total de ocupados, uno de los niveles más altos registrados.
El dato surge de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del cuarto trimestre y confirma una evolución sostenida en los últimos años. En 2016, el pluriempleo alcanzaba al 8,8% de los trabajadores, mientras que en 2024 había llegado a un pico del 12,4%. Lejos de revertirse, en 2025 se mantuvo en niveles elevados.
Detrás de estos números aparece un fenómeno estructural: cada vez más trabajadores no logran cubrir sus necesidades con un solo ingreso o recurren a múltiples ocupaciones para sostener —o intentar mejorar— su nivel de vida.
El perfil de quienes tienen más de un empleo muestra una fuerte presencia femenina. Las mujeres representan el 56,6% del total de pluriempleados y exhiben una mayor incidencia: el 15,5% de las trabajadoras tiene más de un empleo, frente al 9,5% de los varones. Esta diferencia se explica, en parte, por la alta participación del trabajo en casas particulares, un sector con ingresos bajos y jornadas fragmentadas.
Lejos de concentrarse en los más jóvenes, el fenómeno se ubica principalmente en edades centrales: casi el 90% de quienes tienen más de un empleo tiene entre 30 y 65 años. Es decir, atraviesa a trabajadores en plena etapa productiva, donde la necesidad de generar ingresos adicionales se vuelve más crítica.
En cuanto a la intensidad, el esquema predominante es el de dos empleos: el 83% de los pluriempleados se organiza de esa manera. Un 10,5% llega a tener tres trabajos, mientras que los casos más extremos son minoritarios. En general, se trata de complementar ingresos más que de una fragmentación total de la trayectoria laboral.
El fenómeno atraviesa distintos sectores. El servicio doméstico aparece como la ocupación individual más frecuente, seguido por tareas administrativas y contables. También tienen peso el comercio, las profesiones —especialmente en salud y educación— y las ocupaciones técnicas, lo que muestra que el pluriempleo no se limita a los segmentos más precarios.
Si bien quienes tienen más de un empleo registran ingresos superiores —en promedio un 13% más y una mediana 33% mayor—, esto no implica mejores condiciones laborales. Por el contrario, refleja la acumulación de trabajos como única forma de alcanzar un ingreso más alto.
Más de seis de cada diez pluriempleados son jefes o jefas de hogar, lo que refuerza la idea de que estos ingresos no son complementarios sino centrales para sostener la economía familiar. Además, el fenómeno también involucra a otros miembros del hogar, lo que evidencia estrategias compartidas frente a la pérdida de poder adquisitivo.
En términos territoriales, el 54,6% de los casos se concentra en el Gran Buenos Aires, donde conviven mayores oportunidades laborales con un costo de vida que empuja a diversificar ingresos. A su vez, aunque el 64,8% realiza aportes jubilatorios, una porción significativa permanece fuera del sistema, lo que expone trayectorias laborales fragmentadas.
Desde la Fundación Encuentro advierten que el crecimiento del pluriempleo no puede leerse como una mejora en el mercado laboral, sino como una señal de deterioro. “Más que una anomalía, es una respuesta cada vez más extendida frente a un esquema que no garantiza ingresos suficientes ni condiciones estables”, señalaron.
En ese marco, el avance del pluriempleo expone un cambio de fondo: trabajar más ya no necesariamente implica vivir mejor, sino, en muchos casos, apenas lograr sostenerse.





